Análisis · Puertos
Cómo se reorganiza por dentro el sistema portuario nacional

BUENOS AIRES. La disolución de la Administración General de Puertos (AGP) y la creación de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPYN) no implicó únicamente un cambio de nombre. Significó rearmar, en paralelo a la operación diaria del Puerto de Buenos Aires, toda la estructura administrativa y legal de un organismo que pasó a manejar uno de los activos logísticos más sensibles del país.
Ese trabajo de reorganización interna recae en un equipo reducido de gerencias técnicas. Una de ellas, la Gerencia de Coordinación Legal y Administrativa, está a cargo de Francisco Mansanta, contador público que llegó a la nueva agencia luego de su paso por la AGP, ya en proceso de liquidación. Su designación, junto a la del Gerente de Coordinación Técnica, Cristian Rigueiro, fue una de las primeras definiciones formales del organismo creado por el Ministerio de Economía que conduce Luis Caputo, en el marco de la reforma del Estado impulsada por el Gobierno de Javier Milei.
La tarea no es menor: implica ordenar circuitos administrativos heredados de un organismo con años de problemas estructurales, sostener la ejecución presupuestaria mientras la ANPYN alcanza plena autarquía, y garantizar que los procesos de contratación —incluida la licitación de la Hidrovía Paraná-Paraguay— se ajusten a los estándares de transparencia que exige una concesión de esa escala.
Quienes siguen de cerca la actividad del organismo señalan que ese trabajo de “ingeniería interna” suele quedar fuera del radar público, aun cuando es el que sostiene la operatividad de decisiones políticas de alto perfil.
Mientras la ANPYN avanza en su consolidación y el sector portuario y fluvial argentino atraviesa una de sus transformaciones más profundas de los últimos años, el trabajo de las gerencias técnicas seguirá siendo, en gran medida, la base silenciosa sobre la que se construyen las decisiones que sí llegan a la primera plana.


